miércoles, 15 de octubre de 2014

Fe

Cuando era chica elegí ir a la iglesia mas por el silencio y la frescura más que por escuchar el sermón del cura... Nunca, hasta hace algunos años, esta elección tuvo claro sentido para mí.
Pasaron muchas cosas en la vida de mi generación: dolores intensos, pérdidas tremendas y todo parecía oscuro...
Fue entonces que comprendí, como espiando por una hendija, que Dios tenía un plan para mí. No me resistí para nada, me encantó la idea. Había cruzado una de mis diagonales despistada y vi que los planes de los humanos son imperfectos...no los suyos.
Un loco día de cielo azul, casi gracias a mi despiste supe cuales eran sus razones. Hace muchos soles y otras tantas lunas conocí a mi par. En su caso nunca discutió su religión, nunca debió elegirla, jamás se cuestionó porque esta y no otra manera de expresar la Fe. Yo, en ese momento no entendía mucho cuanto importaba ser o no ser católica. Comprendí que Dios no exige edificios de esos en los que mi infancia se amparaba. Habita en cada uno.
Está ahí con certeza: como mi dureza o flexibilidad, tal como el silencio o el canto de los pájaros que escuchamos ayer en un jardín que espiamos juntos... También como luz y sombras. En el más intenso dolor y la rotunda alegría. Cuando el corazón se me desborda...simplemente está allí.

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